Mi historia personal
by Catriona LeMay Doan
Es un recuerdo claro que tengo. Estoy en los 500 metros de patinaje rápido sobre hielo de los Juegos Olímpicos de Invierno en Lillehammer, Noruega. Al comienzo de la carrera el borde de mis patines tropieza con el hielo y me caigo y golpeo en las barreras. Esta experiencia fue definitivamente un desánimo, especialmente porque sabía que millones de espectadores me estaban observando en la televisión. Me tomó varios meses antes de poder recobrar el valor de patinar de nuevo. Durante ese tiempo, me pregunté porqué esto tenía que pasarme a mí.
Antes de las olimpiadas, todo estaba yendo bien. Pero con lo sucedido, ahora empecé a notar que algunos atletas muy buenos parecían estar descontentos, y por eso empecé a buscar respuestas. Conocí a alguien quien me explicó acerca de quién era Jesús – de cómo Él me podía responder mis preguntas, y de cómo le podía conocer de una forma personal. Un poco después, le pedí a Jesús que formara la parte más grande de mi vida.
Ahora existe paz en mi vida, y sé que Jesús forma parte de todo lo que hago, sobre o fuera del hielo. Claro que sigo haciendo mi parte y me entreno, pero dependo de Él para darme la perspectiva correcta en todo lo que hago.
Esta es la actitud que tomé al llegar a Nagano, Japón, para participar en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1998. Sabía que Jesús estaría allí conmigo, sin importar cómo patine. Esta vez patiné bien, y gané la medalla de oro en la carrera de los 500 metros. A pesar de que fue un excelente triunfo, sé que es mi relación con Jesús lo que le da verdadero significado. Él me ama, me da gozo en mi vida, y me da paz. Con Él, mi vida está verdaderamente llena.

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