Mi historia personal
by George Pytlik
Algo me fastidiaba dentro de mí cuando tenía 15 años. Había sido un chico obediente y acomodadizo, pero ahora era un chico rebelde y ferozmente deseaba la independencia. Crecí mi pelo hasta mis hombros, usaba pantalones hecho jirones, y me junté a las muchas marchas de protestas de aquellos tiempos. Quizás el blanco más grande de mi rebelión era la religión. Estaba convencido de que Dios no existía. En mi opinión, el concepto de Dios era solamente una herramienta que la gente usaba para controlar el comportamiento de otros. Lanzaba invectivas contra cristianos y tomaba placer en apuntar las aparentes contradicciones de la Biblia. Mi lema era el ser el Número Uno. Yo era una persona egoísta y arrogante, y tuve éxito en el trabajo pero ciertamente no era exitoso en el área de las amistades.
Una noche, a comienzos de los ´80 estaba ayudando a un viejo amigo de la secundaria a mudarse a su nuevo hogar. Era una oportunidad para ponerse al día en los acontecimientos de nuestras vidas. Le conté a mi amigo que tres bancos habían rechazado mi solicitud para obtener un préstamo para mi automóvil nuevo. No podía comprender esto, ya que tenía un buen trabajo y mi crédito estaba en orden. Paúl, que era cristiano, me sugirió que él podía orar para obtener una respuesta supernatural a mi problema. Su única condición era que si Dios respondiera a su oración, y me diera este préstamo sin que yo hiciera nada, por mi parte, yo asistiría a la iglesia. Consentí; después de todo, no había probabilidad alguna de obtener el préstamo. Nada sucedería, y Paúl pondría su fe en duda. Era una gran oportunidad para probar que Dios no existía. Paúl oró. Continuamos conversando.
Sin que me diera cuenta, una serie de cosas increíbles sucedieron. Un personal de préstamos abrió mi fólder de nuevo, sin explicación alguna, aprobó mi solicitud y llamó al vendedor de automóviles. A sólo unos minutos de esa oración, el vendedor me llamó por teléfono. Estaba conversando con el personal de préstamos, y de repente me di cuenta de lo que estaba pasando. Empecé a temblar tanto que apenas podía agarrar el teléfono. ¿Podía ser esto solamente pura coincidencia? ¿O existía un Dios quien se preocupaba de mí personalmente? Si Dios existía, estaba jugando a la ruleta con la vida eterna. Así, empecé a asistir a la iglesia.
Estudié las muchas profecías que existen acerca de Jesucristo hechas hasta 1,000 años antes de su nacimiento. ¿Cómo es que el hombre podía haber sabido tanto acerca de él? ¿Podía haber sido solamente un maestro conocido, o era él algo más? Estudié sus enseñanzas, y lo que proclamaba ser. Proclamaba ser el Hijo de Dios. Proclamaba ser el único camino hacia la vida eterna. Examiné los grandes cambios que sus discípulos tuvieron después de su muerte y resurrección, cada uno de ellos dispuestos a morir por su fe. ¿Estarían ellos dispuestos a morir por una mentira?
En enero de 1983, cerca de dos años después de esa llamada telefónica, entregué mi vida a Jesucristo. Desde entonces Dios me ha cambiado dramáticamente. Hoy día estoy viviendo para el Número Uno. Él me ha hecho una persona pensativa y atenta, uno que se preocupa de otros y que busca oportunidades para ayudar a otros. Él me ha llenado de su perdón, amor, gozo y paz. Tengo la libertad de disfrutar la vida como nunca antes. Cada momento parece ser más rico y vibrante, aún durante las circunstancias menos placenteras. Dios es real, y me había hecho un rebelde con un propósito. Mi gozo más grande es cuando le sirvo y cuando comparto con otros acerca de la gran libertad que existe cuando uno tiene una relación personal con Jesucristo. La vida cristiana es la mejor, es la aventura más gozosa que existe. Jesús le ama a usted. Déle la oportunidad de cambiar su vida también.

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