Mi historia personal
by Lyndell Enns
Sólo tenía tres meses. Esa noche, cuando estaba echado en el cajón de un aparador en un motel, miré por primera vez a mis nuevos padres con desconfianza y sospecha. Era como si estuviera pensando, “¡Nunca podrán controlarme!” Pero a pesar de esto, había llegado a un nuevo hogar en donde tuve padres firmes que me amaban y quienes me iban a poner en contacto con mi creador.
La vida con seguro contra el fuego
Gracias a mis nuevos padres, no me tomó mucho tiempo para comprender que el tiempo vuela y muy pronto entraría en uno de dos lugares eternales, el cielo o el infierno. Era suficientemente fácil decidir cuál era el mejor lugar a pesar de que sólo era un niño, y por eso cuando entendí que si quería ir al cielo tenía que recibir a Cristo ya que era el único camino al cielo, me arrodillé con mi padre y le pedí a Jesús que me perdonara mis pecados y me otorgara la vida eterna.
La vida sin propósito
Viví con suficiencia en la seguridad de este nuevo seguro contra el fuego que había encontrado. Pero fue entonces cuando una pregunta empezó a obsesionarme ya que hasta entonces la única respuesta que tenía llevaba implicaciones alarmantes. ¿Cuál era la pregunta? Me preguntaba, ¿cuál era el propósito de la vida? Como verá, entendía que básicamente la vida no tenía significado. Después de todo, ¿por qué estamos aquí? ¿Para vivir, crear bebés, o solamente para morir? No me atraía la idea de que solamente estaba aquí para perpetuar la raza humana. Tampoco me interesaba correr tras las riquezas materiales o acumularlas ya que al final y al cabo uno tiene que dejarlos atrás después de setenta años. Simplemente no existía ninguna buena razón para seguir ya viviendo. Nada de lo que hiciera importaría en cien años, y mucho menos por la eternidad, ¿no es así?
La vida con propósito
¡Sorpresa! Cuando tenía catorce años, me enteré en un campamento bíblico de verano que existía propósito en la vida. ¿Y sabe quién ya sabía esto? ¡Dios! Después de todo, Dios me había creado, y por eso ¿quién más sabía más que Él? Aprendí por medio del libro del cual es autor llamado la Biblia, que Dios me había creado para que pudiera relacionarme personalmente con Él, conocerle y amarle. Aprendí en Romanos 12:1 y 2 que la clave para tener una vida abundante y de significado era entregarle toda mi vida para sus propósitos. Repentinamente mi vida tuvo propósito y significado. ¡Fui creado para conocer a Dios y para glorificarle por la eternidad!
La vida con un plan
¡A sólo unos minutos del descubrimiento de mi propósito también descubrí el plan que me daría significado eterno en mi vida! Tenía que compartir con otros acerca de la verdad y el propósito que había encontrado en Cristo. Al fin y al cabo, cuando llevamos a la gente delante de Cristo les ayudamos a cambiar sus destinos eternales. ¡Esto es muy parecido a lo que me pasó de niño, cuando mis padres adoptivos me ayudaron a cambiar mi destino eterno! ¡Esto sí que es hacer lo máximo de cada momento de nuestras vidas!
La vida con un guía
A diferencia de usted, soy egoísta y orgulloso por naturaleza y por eso tengo la tendencia natural de tomar el control de mi vida continuamente en vez de dárselo a Cristo. Inevitablemente estos eran los momentos en que terminaba en la zanja o al final de un callejón oscuro. Por gracia Él siempre me perdona y resume el control cuando le devuelvo el timón de mi vida. En mi vida, Cristo ha reemplazado las muchas carreras y metas sin significado que podría haber perseguido en este mundo con una carrera diseñada para obtener verdadero significado eternal. Además, Él nos guía y da poder para seguir la carrera.
El propósito de Cristo es el de darle una vida abundante también (Juan 10:10). Encuentre la vida con propósito!

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