Mi historia personal
by Paul McLaughlin
Por muchos años no había tenido ninguna esperanza de tener un mejor futuro. Pensaba que nunca crecería y que siempre viviría en un mundo lleno de dolor y odio. Como verá, había tenido una niñez fea, en donde fui abusado y pegado. Después viví en dos hogares adoptivos y más tarde regresé a vivir con mis padres. Casi perdí la oportunidad de crecer. A la edad de dos, ingresé al hospital; me mal nutrían y pegaban tanto que casi me morí. Más tarde deseé estar muerto. Había estado sobre una cocina caliente, había sido sofocado con una soga alrededor de mi cuello, y me pegaban dos a cuatro veces casi todos los días. Este abuso físico y mental ocurrió por casi 18 años. Mis hermanos mayores no habían sido abusados.
Les tenía miedo a mis padres cuando caminábamos hacia la iglesia. Miraría a la gente alrededor de mí y gritaría en mi mente, “¡fíjense en mí y en mi hermana gemela! ¡Estamos siendo heridos!” Pero nadie oyó nuestros socorros.
En medio de esta niñez tan terrible me bauticé cuando tenía siete u ocho años. Durante mi bautizo sentí que el amor estaba entrando en mi pequeño cuerpo por primera vez, y sabía por seguro que esto era el amor. Tenía miedo de decirle a alguien acerca de esta sensación rara dentro de mí, y en especial tenía miedo de decírselo a mis padres. Pero a pesar de que este amor estaba en mí, odiaba a Dios por haberme dado este tan terrible sufrimiento en mi niñez. A pesar de que me habían dicho que era minusválido mentalmente, me gradué de la escuela secundaria Donora en Pennsylvania en 1970 a la edad de 21 años. Pasé dos años en servicio militar y después empecé una campaña para incrementar el conocimiento del abuso de los niños.
Finalmente en 1988 me enteré de algo por primera vez: Dios me amaba. Le había echado la culpa a Dios por tanto tiempo por mis sufrimientos; pero Él no era el responsible de estos sufrimientos. Mi dolorosa niñez fue resultado de la desobediencia de la gente a Dios. Él no quería que sufriera. Al contrario, Él me amaba tanto que había enviado a Su único Hijo Jesucristo a morir en la cruz por mis pecados y hasta los de mis padres. Todos somos culpables por desobedecer a Dios, pero Dios pagó el precio de esa desobediencia por medio de su propio Hijo. Este es un increíble acto de perdón.
Después de haber culpado a Dios por 35 años, acepté a Jesucristo en mi vida y le pedí que me perdonara. En ese momento, me convertí en un verdadero creyente de Cristo. Todos esos años Dios estaba hablando conmigo, pero yo no lo escuchaba. Admito que no soy una persona perfecta, pero sé que mi fe en Cristo ha traído un gran cambio en mi vida. Regresé a casa a visitar a mi madre. La perdoné y le di un abrazo. No entiendo el “por qué” de mi sufrimiento, pero mis experiencias me han otorgado una perspectiva especial acerca de lo que otros están experimentando. Ahora es mi misión la de ayudar a otros en situaciones similares. Muchos se habían burlado de mí porque era un minusválido. La gente todavía se ríe de mí, usan lisuras y arrojan cosas a mí cuando converso con los niños de la calle. Esto no es fácil para mí, pero el amor de Dios dentro de mí me permite perdonar a aquellas personas por sus acciones. Cristo me ha dado este amor especial para aligerar el dolor y sufrimiento que estaba atravesando.

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