Mi historia personal

Crecí como la única hija de unos padres que siempre trabajaban. Éstos dos componentes tuvieron un gran impacto en mi vida desde una edad temprana. Me hicieron sentir sola, muy sola. Podía estar en medio de una muchedumbre, o hasta estar en medio de la atención, pero aún así tenía esta gran soledad que dolía dentro de mi. Mis padres se divorciaron durante mi adolescencia, y esto me hizo sentir aún más vacía dentro de mi. Constantemente buscaba cosas y personas que llenaran este vacío. Ya que formaba parte de la generación hippie, creía que encontraría la respuesta a mi soledad por medio del “amor libre”. Cuando esto no funcionó traté de limpiar el vacío en mi usando drogas y alcohol.

Conocí a Tim cuando tenía 19 años. Era un gran chico que tenía una familia fuerte y buena. Cuando me pidió casarme con él pensé, “¡Ahora sí, ahora sí que he encontrado la respuesta! Me casaré y tendré mi propia familia. Esto compensará por lo que no tuve cuando crecí.” Nuestro primer hijo Brad nació un año más tarde y las cosas estaban marchando.

Seguía teniendo ese dolor pero estaba convencida que cuando tuviera más niños y llenara la casa con una familia grande, éste desaparecería. Unos años más tarde me embaracé de nuevo. A los tres meses de mi embarazo tuve un aborto. Tenía mucho dolor emocional. La idea de que mi hijo crecería como el único hijo como yo me hizo sentir aún peor.

Cuando compartí esto con mi vecina, ella empezó a hablar acerca de Dios y su hijo Jesús. A menudo había visto figuras de Jesús en la cruz pero nadie me había explicado por qué murió allí. Entonces Debbie me demostró un versículo en la Biblia: “ “ (Juan 3:16). Estaba tan conmovida por eso ya que apenas había perdido un hijo. Pensé dentro de mi, “¿Cómo es posible que Dios me ame tanto que entregó su hijo a morir por mí?” De repente muchas cosas se aclararon. Me di cuenta que había estado buscando la respuesta en todos los lugares equivocados, que era este amor de Dios la que finalmente iba a llevarse este terrible dolor.

Ese día regresé a casa y le pedí a Dios venir a mi vida. Desde entonces Dios ha llenado mi corazón con su amor. Ese dolor ya no existe allí. Estoy llena de gozo y paz. Dios también me ha dado una familia grande, la iglesia. Mi relación con esta gente es por medio de mi relación con Cristo. Ellos me aman y apoyan durante los buenos y malos tiempos. Es tan bueno saber que no estoy sola.

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