"¿Me escuchará Dios si le susurro?"

Pero mi vida no cambió mucho después de ese momento. Seguía siendo un niño de cinco años.

En el segundo año en la universidad aprendí una gran lección acerca de Jesús y de su amor hacia mí. Esto ocurrió cuando me enamoré de Sasha. Planeé salir con Sasha, y me imaginé que esto sería lo mejor que me pasaría en la vida. Pues no fue así. Al contrario, fue uno de los momentos más decepcionantes y difíciles de mi vida. Durante todo el día no sabía qué decir o cómo comportarme. Regresé a casa sintiéndome muy vacío y tonto. Durante los siguientes días oré bastante. Me sentía muy mal, y sólo conocía un lugar a dónde correr. Pero empecé a darme cuenta que esta actitud era egoísta. Estaba tratando de manipular a Sasha para que me quiera. Cuando pensé y oré acerca de esto, me di cuenta que no amaba a ninguna persona. Sólo quería que otros me amaran, para que yo pudiera amarme a mí mismo. Entonces me di cuenta que tampoco amaba a Dios. Y eso me dio temor.

Después de esto, algo sucedió. Dios me hizo recordar un susurro que decía, "pero yo te amo"

En ese momento mi carga se apartó de mí. Dios me amaba aún cuando no le amaba a Él. Este amor no tenía ninguna condición. Esto me liberó. Puedo amarme y amar a otros y a Dios porque Dios me amó primero. Como Juan, un seguidor de Jesús, dijo, "Amamos porque Él nos amó primero."

Dios me sigue enseñando a amar por medio de las experiencias difíciles de la vida. Sé que está conmigo y que me ama. Él le ama a usted también. La Biblia dice, "Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito, que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna." Jesús murió por el egoísmo en mí, ya que esto me separaba de Dios. Debería haber muerto por estas cosas que he hecho. Pero en su lugar, Jesús tomó mi lugar y tomó lo que debería ser mi castigo.

Yo recibo a Jesús, su amor incondicional, y su plan perfecto para mi vida. Le susurré y Él me oyó.

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