Formas de ganar

La gente decía que era demasiado pequeño, que no tenía fuerza, y que simplemente no tenía lo suficiente para ser atleta. Admito que ha sido difícil, realmente difícil. A veces continúo sintiendo que no tengo la suficiente estatura o fuerza para salir y competir contra los grandes. Pero sé que toma más que el tamaño o la fuerza física para salir para adelante en o fuera de la cancha. Y es allí en donde he encontrado que la relación con Dios hace toda la diferencia.

Solamente tenía 17 años cuando gané el Open de Francia en 1989, mi primer gran título. En aquel tiempo, era fácil convertirse en presumido, pero pude enfocarme en Jesús y no atarme al dinero, la fama y el hechizo de la victoria.

Estas cosas no son tan importantes en comparación con la habilidad de tocar las vidas de las personas de forma positiva. Sé que Dios es el que me dio la habilidad de jugar tenis. No estaría aquí sin Él. Él me da la fuerza para hacer lo que hago. Cuando tengo esta perspectiva, puedo competir y dejar la victoria o derrota a Dios.

Tengo confianza ya que sé que todo está en Sus manos. Lo que importa es darle lo mejor que puedo.

Quizás gane, o quizás pierda, pero cuando mantengo mi enfoque en Él, siempre tengo el gozo que sólo Él me puede ofrecer.

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