Al fin libre...

En 1971, los problemas en la Irlanda del Norte estaban incrementando tanto que la situación era peligrosa para mí y mis seis hijos. Nos enfrentábamos en constante peligro a causa de las bombas y las balas. Esto no era nada nuevo. Cada día oíamos una historia de horror y sufrimiento por la radio. Nuestro terror personal llegó una noche cuando fuimos despertados por dos hombres armados. Uno de ellos estaba parado al pie de mi cama y el otro me pegaba en la cara mientras que me hacía preguntas acerca del paradero de alguien. A pesar de que no era cristiana, oré en silencio, “¡Dios, por favor ayúdame!� El hombre armado al pie de mi cama estaba distraído por los lloros de mi hijita recién nacida. Georgina sólo tenía unas cuantas semanas de nacida. Su cuna estaba fuera de la vista de los dos hombres, detrás de la puerta del dormitorio. “Ah, mire�, el hombre más joven le dijo al otro, que era un poco más viejo, “hay un bebé aquí. Anda y fíjate si hay más� “La casa está repleta de niños�, exclamó el hombre armado. “Vamos, dejémosle a la mujer�, el hombre más joven dijo.

Ellos se alejaron y lloré, sabiendo que Dios había tenido misericordia de nosotros. Le doy gracias a Dios que me haya dejado permitir a los amiguitos de mis hijos quedarse en la casa esa noche. Después de este acontecimiento, nos mudamos a Inglaterra. Yo estaba buscando paz pero sabía que vivía alrededor de mentiras. El hombre con quien vivía era cruel, especialmente cuando estaba borracho. Me pegaba y también le pegaba a mis hijos. Estaba tan deprimida que me emborraché y un día me eché frente a un automóvil. El resultado fue que terminé en el hospital con un cráneo fracturado. Esto afectó mi balance y he perdido todo sentido de olfato. El año era 1976 y ¡mi vida era un desastre!

Esto continuó hasta que un día decidí buscarle a Dios por mí misma. Fui a una iglesia y le pedí a una mujer que orara a Dios para que me ayudara a parar de fumar. Supongo que este fue un comienzo estúpido, pero Dios, en su gracia, me liberó de mi adicción a la nicotina. Un día tomé una bocanada del cigarrillo de un amigo pero esto me hizo sentir tan enferma, que desde entonces nunca más he deseado otro cigarrillo por todos estos 22 años.

Más tarde, regresé a la iglesia y le pedí al pastor de la iglesia que le pidiera a Jesús que sacara al hombre con quien seguía viviendo de mi vida. A sólo unas semanas, el hombre se retiró y más tarde se casó con la empleada del bar local. Por fin era libre, o por lo menos eso era lo que creía. Desgraciadamente, él regresó unas cuantas veces y un día le sorprendí tratando de tener relaciones sexuales con mi hija mayor. Llamé a la policía, pero no pudieron ayudarme ya que realmente nunca llegó a hacer nada. ¡Ahora me sentía atrapada, y era una sensación terrible! Y más aún, estaba embarazada con su hijo. Más tarde tuvo que ir a prisión por otros crímenes y mis hijos y yo pudimos disfrutar de nuestra nueva libertad. Sin embargo, cuando salió de prisión, él destrozó esta libertad una vez más. Estaba aterrorizada ya que tenía miedo que él trataría de seducir o herir a mis hijos nuevamente. Y peor aún, después de tener mi bebé estuve seriamente enferma. Terminé internada en el hospital. Una noche en el hospital tuve una visión rara. Fue una experiencia que nunca podré olvidar. Vi siete candelabros de oro en un altar blanco. El cuarto estaba brillantemente iluminado. De repente, estaba caminando por la oscuridad, en un túnel angosto. Sentía que las paredes del túnel tocaban mis hombros. Parecía que me estaba deslizando lentamente, ya que no parecía tener pies. Había alguien a mi lado, agarrando una vela iluminada. No podía observar quién era. Recuerdo haber dicho, “Estoy muriendo, ¿qué debo hacer?� La voz respondió, “Cree en el Señor Jesucristo y tanto tú como tu casa serán salvos.�

“Pero,� respondí, “¡siempre he conocido a este Jesús!� La segura respuesta fue, “Los demonios también le conocen y tiemblan ante él�. (Yo asistía a la escuela dominical, y por eso creía que le conocía a Jesús).

“¡Dios! Si hasta el demonio conoce lo que yo conozco pero esto ni le salva a él, ni a mí, ¿qué nos puede salvar, entonces?� “Confía�, fue la respuesta final. Yo respondí, “Señor, siempre he sabido que estabas allí, pero nunca he puesto mi confianza en tí completamente. Por favor, dame una oportunidad más de vivir para que pueda testificar a mi familia y a otros. Aún si me llevaras al cielo, no querría irme sin hacer algo bueno para tí y para mi familia�

Mi experiencia con el Señor Jesús terminó en ese cuarto oscuro, cuando puse la vela en el suelo. Él desapareció cuando tomamos una curva en el túnel. Por muchos días después de esta experiencia tenía temor de dormir. Fue entonces cuando un día, después de orar y leer el libro, “Beyond Ourselvesâ€? por Katherine Marshall, me percaté de la presencia santa de Dios. El Espíritu Santo me llenó con un gozo que nunca había conocido. Sentía como si estuviera flotando hacia arriba, a pesar de que sabía que estaba echada en la 

Descubre como puedes experimentar el Poder para Cambiar