En contra de todas las predicciones

Mi vida había empezado mal. Para cuando tenía dos años, había ya vivido en varios hogares adoptivos. Esto pudo haber continuado, pero la familia Nielsen me tomó, y aunque era un niño muy activo e inquieto, ellos se aferraron a mí. Tuve que atravesar por muchos desafíos para hacer frente a la vida. Tenía una incapacidad de aprendizaje, llamado el desorden de déficit de atención; esto hacía que la escuela fuera algo difícil para mí. Nunca entendía lo que la profesora me explicaba. Era como si estuviera hablando una lengua extranjera. Estaba tan mal que no pasé el octavo grado. Las personas se reían de mí porque no podía pasar de grado. Reaccionaba como si esto no me fastidiara, pero muy dentro de mi, cada vez que la gente se burlaba de mí, era como si me martillaban y esto dolía mucho. Deseaba poder matarles.

Pero al final de mi octavo grado le pedí a Jesús entrar en mi vida y Él cambió mi perspectiva en el mundo. Empecé a observar a aquellos quienes se burlaban como personas, en vez de enfocarme en las palabras dañinas que decían. Y me di cuenta que podía amarles.

También aprendí a pedirle a Jesús que me ayudara a concentrarme. Mis puntajes empezaron a mejorar hasta que obtuve una “A” en la clase de historia de mi décimo grado. Era increíble, pero cuando me gradué de la escuela secundaria, obtuve grados de honor.

Jesús también me ha ayudado a enfrentarme a los sentimientos de depresión y insignificancia. Sé que me ama y se preocupa de mí, y esto me da estímulo. Él me da una fuerza que nunca tendría si dependiera de mi mismo.

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